Embarazo y partoMi Experiencia¡Soy Primeriz@!

Cuando le tienes TANTO miedo al parto, que no quieres saber nada

¿Miedo al Parto?

El miedo al parto es un denominador común entre mamás primerizas ¿o no? 

Yo definitivamente era el ejemplo perfecto de alguien ATERRADA por el parto.

Mi miedo al parto era tal, que tomé la “decisión ejecutiva” de ignorar el tema por completo. No quería que nadie me hable de eso, ni saber sus experiencias o historias. Tampoco quería informarme, leer, hacer ningún curso. Fue algo que deliberadamente bloqueé durante todo el embarazo.

Mi pensamiento era, “prefiero no preocuparme por eso y cuando llegue el parto, serán unas horas difíciles y ya. Pero por lo menos no habré estado meses pensando en ese momento”.

Y si, hacerlo así tiene una ventaja: bloqueas la realidad y no te genera preocupación previa.

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Hoy en día, entiendo que preocuparse no sirve de nada, pero ocuparse… eso si sirve de mucho.

Mi parto en plena ignorancia

Yo tuve una oportunidad de ORO. D.os me regaló un parto que fue ridículamente fácil (supongo que habrá dicho, ya ésta está demasiado traumatizada, mejor se lo pongo fácil🤣).

Les cuento, llegué a la clínica con contracciones seguidas pero sin dolor y 8 cms de dilatación. Sacar al niño iba a ser más rápido que un estornudo jaja. Pero, a pesar de que las condiciones eran “perfectas”, considero que mi experiencia de parto fue un completo caos.

¿Un Caos? ¿Cómo pude ser un caos con 8cm dilatada sin dolor?

Pues así fue, como yo digo: “Yo tuve un parto natural, pero yo NO parí a mi hijo, parieron por mi”

A continuación van a leer algo que escribí hace un tiempo. Hoy en día tengo más información y conozco que existe algo llamado violencia obstetrica (VO). Pensé en editar mi escrito porque (como verán) les cuento que me “porté infantil”, que “no sabía pujar”. Me sentía responsable de no haber dado a luz “como debía”. Hoy entiendo que me sentía así porque fui víctima de violencia obstetrica. He llorado (inlcuso luego de dos años del acontecimiento) al reconocer que “eso” que me pesaba era efectivamente una cicartriz emocional de mi primer parto. Pero por lo menos, me siento liberada. Decidí no cambiar el escrito porque quiero transmitir cómo me sentía antes de reconocer que fui víctima de VO: me sentía infantil, que no sabía hacer las cosas bien, sentía VERGUENZA de “mi comportamiento”. Más abajo les sigo comentando del tema. Aquí va la versión original: 

Mi esposo y yo llegamos cerca de las 7:30am. Yo estaba tranquila (no tenía dolor), subimos al consultorio y luego de hacer cierto papeleo, me colocaron la epidural y subí a la sala de parto.

Estaba tan desconectada del proceso que les juro que no me acuerdo si me rompieron la bolsa o no, si me pusieron oxcitocina artificial o no, ¡nada!

Me acostaron en la camilla en la típica posición con las piernas abiertas (posición que por cierto me parece súper incómoda) e inevitablemente llegó el momento de pujar. Y estaba tan asustada y llorando tanto que no podía ni hacer eso. Era como esas películas donde la trama es una traji comedia y todo es exagerado. Pues así estaba yo. Gritando, llorando… Ahora me río de lo infantil que me porté 🤣.

El punto es que tuvieron que hacerme una episotomía (un corte para ampliar el espacio donde sale el bebé) y algo que se llama Maniobra de Kristeller. Ésta consiste en presionar la barriga de la madre para empujar el bebé hacia afuera. Ambas son innecesarias, evitables y tienen más riesgos que beneficios. Pero ahí estaba yo, recibiendo las dos🤔.

Fue hasta que el anestesiólogo me agarró la cara y me dijo: “tienes que calmarte, puja sin abrir la boca para que el aire no se escape y así saldrá el bebé” que empecé a entender que yo tenía participar en algo en mi parto.

Ahí empecé a colaborar, pero más por vergüenza que por otra cosa.

Puje, puje y a los pocos minutos llegó Simón.

No hubo apego precoz. Sólo me lo acercaron para una foto (que salio terrible, mírala abajo) y se lo llevaron por HORAS dándole un biberón de agua glucosada sin mi consentimiento.

 

Luego me tenían que coser el corte de la episotomía y cada punto dolió horrores. Pero digamos que “todo había terminado”

Cabe destacar, que en Venezuela los partos suelen ser excesivamente intervenidos. En otros países usan protocolos que hacen que las madres nos sintamos bastante más cómodas al dar a luz y no se llevan así a tu bebé.

En conclusión, aprendí que acudir ese día en completa ignorancia por el miedo al parto hizo que no pudiera ni saber qué quería, qué era mejor o cuáles eran las alternativas. No tenía capacidad de decidir nada porque no sabía que habían cosas que podía elegir. No pude exigir que me dejaran a mi bebé porque no sabía la importancia de ese acto en tantos sentidos.

Simplemente no sabía nada.😳

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Acotación actual: de lo único que fui responsable, fue de no empoderarme e informame para protegerme de la violencia obstétrica. En un mundo ideal, nosotras podríamos parir confiando plenamente en nuestros médicos, que nos informarán de lo que harán, que no te harán sentir verguenza, que te ayudarán a entender el proceso para no tener tanto miedo al parto. Pero no es así. Es nuestra responsabilidad cuidarnos a nosotras mismas: a nuestros cuerpos, a nuestra alma. Tuve una cicatriz física (de la episiotomía) que fue dolorosa y enorme, que me molestó por meses y afectó ciertos aspectos de mi vida posteriormente, pero no se compara con las heridas emocionales. Y peor aún, heridas que ni sabía que tenía, de las cuales estaba inconsciente por completo. Ahora que soy consciente, me toca sanar (incluso años después) y por lo menos, asegurarme que menos mujeres pasen por esto. 

 

El Parto como Inicio de Nuestra Maternidad

El parto es apenas el primer reto en la maternidad (y ni siquiera es el más difícil). Es la primera vez que debemos tomar algo que no es agradable, que implica dolor y buscar manejarlo positivamente.

En la crianza hay muchísimas cosas que no nos van a gustar. Tal vez no generen dolor físico, pero si cansancio, dolor emocional, mental, situaciones que produzcan conflictos internos… En fin, siempre habrán cosas que “no nos gusten”.

“La clave del éxito no es evitar estas circunstancias, es estar bien preparadas para manejarlas”

Yo inicié mi ruta en la maternidad de la misma forma que fue mi parto: inundada de miedos, presa del caos y con cierto nivel de desconexión.

Considero que, independientemente de cómo sea el parto (natural o cesárea, inducido, con o sin anestesia) lo importante es TU ACTITUD ante él.

Lo que yo necesitaba oír

Sé perfecto como te sientes cuando te inunda un completo miedo al parto. Sé lo que es no querer pensar en eso y asumir que en el momento “resolverás”. Así que haré contigo lo que me hubiese gustado que me hicieran a mí.

Me siento a tu lado, te tomo la mano y te digo:

“Sé que el acto de dar a luz suena horrible. Entre las películas, los cuentos de otras madres, el dolor y tu imaginación desbordada, ves la experiencia como un completo trauma. Te entiendo”.

Ir en completa ignorancia tiene muchas más desventajas que beneficios. Si bien bloqueas ese momento hasta que pasa y “te olvidas de su existencia”, la contra parte es que no vas a poder saber qué necesitas para facilitarte a ti misma la experiencia. En la medida que sepas tus opciones, podrás decir qué prefieres y conocer a lo que te enfrentas. Al decidir qué prefieres, tendrás mayor seguridad y esa seguridad se traduce en un estado emocional más controlado que te permite gestionar mucho mejor el dolor.

La epidural no quita el miedo.

La información sí.

Asumir el parto como nuestro y empoderarnos para ese proceso, es el primer paso para consolidar nuestra maternidad.

La forma como tomemos este reto puede definir nuestra actitud ante los muchos otros retos que vienen después.

Es tomar algo que no te gusta y aceptarlo positivamente. Buscando el apoyo apropiado para culminar diciendo: superé este reto, lo hice con gusto y estuve presente.

Eres más fuerte de lo que crees. Yo te acompaño. Venzamos juntas EL MIEDO AL PARTO”

Si quieres un resultado diferente, no hagas lo mismo

Algo así dijo Einstein (y miren que ese fue un señor inteligente😛)

Parte de la experiencia de ser madres es equivocarnos y, si somos inteligentes, aprenderemos de los errores.

Hay cosas que hice con Simon que repetiría. Otras, no tanto.

Ahora que estoy esperando a mi segundo bebé, quiero tener una experiencia diferente. Quiero saber qué está pasando (por lo menos), tener información para tomar decisiones y poder transmitir a quienes me atienden lo que quiero y necesito. Así, estoy segura de que me sentiré mas cómoda e incluso, con menos dolor.

La información se ha convertido en el pilar de mi maternidad. Ahora tengo la oportunidad de hacerlo diferente. Pronto les contaré que tal este cambio de perspectiva.

Espero que este artículo te haga sentir un poquitito más tranquila y te anime a no hacer las cosas por inercia, a no entrar en la maternidad sumida en ignorancia como lo hice yo.

Te repito: eres más fuerte de lo que crees. No dejes que el miedo al parto se apodere de tu momento.

Con mucho cariño,

 

Mamá Nicole

 

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